

El presente poemario pretende relatar la experiencia de la búsqueda de la propia identidad o, mejor dicho, la búsqueda de la existencia de una identidad. Representa el duelo y el desarraigo de la pérdida, y la desesperación en la búsqueda, angustia ocasionada por el hecho primero de descubrirse envuelto en un velo protector de ilusión. Por ello, este poemario busca ser viaje, camino, desencuentro y tránsito de la destrucción hacia la incógnita que angustia, el silencio de la nada, el vacío de la existencia sin divinidad, eternidad, identidad.
La secuencia presentada busca materializar ese camino, por lo que el ordenamiento responde al sentimiento emergiendo, la disputa con unx mismx, la clausura y apertura de nuevos mundos que claman por aparecer ante intensos momentos que esperan responder a las preguntas de qué soy, quién soy, quién quiero ser, por qué soy, qué soy más allá de lo que me hacen ser y me hago ser.
Un grito a la vida embadurnado de tristeza que espera la respuesta más siniestra, embarrada de la propia historia y la construcción de una nueva persona que ya no puede volver atrás, que necesita huir, correr y socorrer a los suyos, advertirles del peligro hacia el cual se está dirigiendo. Camino inevitable escrito en el propio destino al nacer, asignado por imposiciones que buscan dejarse caer, entorpecer las conexiones lineales para confundir el próximo paso, subvertir el orden, causar hemorragia.

Desahogo
(primer poema del libro)
Tardes de lucha interna,
entre lo que debería ser y hacer,
clausurando en cada paso mi existencia,
esperando milagrosamente un renacer.
La ansiedad ya no me toma por sorpresa,
imploro que llegue anhelando irse,
tras tratar de evitarla llega la angustia,
conozco aquellas tensiones que me pueden.
Intuyo que mi tiempo no es mucho,
araño, trepo, caigo, lucho,
veloz el atardecer llega,
araño, trepo, caigo, lucho, lloro.
Deseo encontrar el cauce,
esmerarme no es suficiente,
solo un segundo necesito pausar,
la bruma se expande al no actuar.